
Ilustración de Michal Bator
Despídete de tus escritos: poemas, guiones, cuentos, novelas. Hazles un funeral. Entiérralos. Déjalos ir.
Publicado originalmente en inglés en Litreactor.
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Su novela, la que amaba tanto, la que había cuidado y alimentado en tiempos buenos y malos, estaba muerta.
En el 2008, la escritora Mary Patrick Kavanaugh llegó a una horrible conclusión. Su novela, la que amaba tanto, la que había cuidado y alimentado en tiempos buenos y malos, estaba muerta. No sé si se murió tranquilamente mientras dormía o si se aventó por un barranco a la Thelma y Louise, pero lo que pasó después fue muy interesante. En lugar de pelear contra la naturaleza, Kavanaugh aceptó la muerte de su libro como una parte necesaria de la vida, y le organizó un funeral para despedirse de ella. Hasta invitó a los editores que rechazaron su manuscrito para que la hicieran de enterradores, aunque ninguno aceptó. Rodeada de familiares y amigos, lloró la muerte de su novela y literalmente cerró el ataúd y la enterró.
¿Y si sigue viva? ¡Tómale el pulso!
Rendirte parece contra intuitivo. Desde niños nos han metido en la cabeza que si seguimos intentando, inevitablemente tendremos éxito. El fracaso se ha estigmatizado tanto que nos colgamos de expectativas poco saludables en lugar de sólo aceptar que no pudimos. Y no hay nada de malo en admitir que no vale la pena gastar tu tiempo y recursos limitados en cada proyecto. A lo mejor mandaste algo para ver si te lo publicaban y sigue ahí, sin haber recibido una sóla respuesta después de meses; o un cuento que terminaste hace un año sigue pudriéndose en un cajón. Sí, es triste saber que muchos manuscritos nunca verán la luz.
¿Pero, hay alguna señal de que tu escrito se dirige a una tumba segura? A lo mejor hay algunos, pero no necesariamente son una multitud de rechazos, ni siquiera críticas negativas de los editores o tus amigos escritores. Aunque los consejos externos son valioso valiosos, también son muy variables. La única cosa que los editores tienen en común es que son completamente diferentes. De todos modos, si hay algo que mata a la buena literatura más rápido que una bala, es el aburrimiento. Una forma de tomarle el pulso metafórico a tu proyecto, es midiendo tu entusiasmo cuando te sientas a teclear. ¿Te emociona lo que escribes, o el puro pensamiento de arrastrarte a lo largo de otras cien páginas te es abrumador? Si no puedes sacar ni un poquito de entusiasmo de tu trabajo, tampoco lo harán tus lectores. Pero, al final, tú eres el único capaz de decidir cuándo mandar a uno de tus queridos hijos literarios al sueño eterno.
Si no puedes sacar ni un poquito de entusiasmo de tu trabajo, tampoco lo harán tus lectores. Compartir en X
Ilustración de LIlustración de Lou Romano
La maldición del manuscrito-Frankenstein
Las ideas evolucionan con el tiempo. A lo mejor eso que piensas que es rendirte muy rápido es sólo la forma en que tu mente quiere liberar espacio para nuevos pensamientos, para crecer y desarrollarse. Recuerda, tú no eres tu libro ni tus personajes. Tú no eres un escritor. Eres un ser humano que escribe, lo que significa que ni siquiera la crítica más maldita y viciosa puede hacerte sangrar. El fracaso es una palabra sucia sólo por las connotaciones culturales que le damos; pero es una parte vital aunque poco envidiable de cualquier proceso creativo que valga la pena. Por supuesto, la intención de este artículo no es hacer a un lado las verdaderas tragedia de la vida (no conseguir que publiquen tu libro ni siquiera se acerca a lo peor que te puede pasar, ni siquiera para un escritor). Pero aún así, cuando algo que quieres muerde el polvo, duele. Abraza la pérdida, aunque no te alcance para comprar un ataúd de verdad. Siempre puedes usar una caja de zapatos.
El fracaso es una palabra sucia sólo por las connotaciones culturales que le damos. Compartir en XY si te estás preguntando por qué alguien querría hacer un distinción entre una obra que está “muerta” y una que simplemente está “dormida”, nuevamente, aunque es una decisión que sólo el escritor puede hacer, aquí van algunas razones. Enterrar un escrito es una forma para desconectarte firmemente de él. No va a quedar ninguna ambigüedad flotando, haciendo que te preguntes: “¿Y si edito ese cuarto capítulo? El principio no era tan malo” Nadie quiere tirar su tiempo y esfuerzo a la basura, lo que hace muy tentadora la idea de recortar algunos párrafos por ahí y pegar algunas otras escenas por allá para disque arreglar el texto y salvarlo (el resultado es un manuscrito frankeinstoso, una mezcla de trabajo de hace mucho y trabajo actual). El problema es que normalmente los escritores evolucionan junto a sus ideas. No sabotees tu nuevo y promisorio trabajo sólo por reciclar pedacitos de historias viejas. No tiene caso matar a tus seres queridos si ya están muertos.

Ilustración de Maria Apoleika
¿Tú qué trampa? ¿Haz dejado morir un escrito o sigues intentando revivirlo con respiración de boca a boca?