
Ilustración de Lou Romano
Publicado originalmente en inglés en Brain Pickings.
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“Para un maestro en el arte de vivir no hay distinción entre trabajar y jugar», dijo el escritor Francés Chateaubriand: «él simplemente persigue su visión en lo que sea que haga, y deja que los otros determinen si está trabajando o jugando. Para él mismo, siempre está haciendo las dos cosas».
Para un maestro en el arte de vivir no hay distinción entre trabajar y jugar Compartir en XPocos creadores contemporáneos encarnan esto más que Ray Bradbury, amado escritor, hombre de admirable rutina, abogado incasable de la exploración espacial y las librerías públicas, apasionado de hacer lo que uno ama y escribir con gozo, y campeón de la intuición sobre el intelecto.
Tomado de Zen en el arte de escribir—uno de mis libros favoritos sobre escritura, que también nos dio a Bradbury sobre cómo las listas ayudan a destapar el inconsciente—hay aquí una reflexión atemporal sobre el trabajo, la motivación y sobre el desde el amor.
Bradbury considera por qué odiamos el trabajo como individuos y sociedad:
¿Por qué será que en una sociedad con una herencia tan puritana tenemos sentimientos completamente ambivalentes sobre el trabajo? ¿Por qué nos sentimos culpables si no estamos ocupados? ¿Y por qué nos sentimos hartos, si por otro lado, trabajamos mucho?
Solamente puedo sugerir que normalmente nos ponemos a trabajar, falsamente, en cualquier cosa, sólo por no estar aburridos. O peor: Trabajamos por dinero. El dinero se vuelve el objetivo, el blanco, el sentido final del todo y del ser. Entonces el trabajo es importante como un medio para conseguir dinero, así que degenera en aburrimiento. ¿Podemos preguntarnos ahora por qué lo odiamos tanto?
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Nada está más lejos de la verdadera creatividad.
Como dijo Tolstoy unas décadas antes advirtiéndonos sobre escribir sólo por dinero y fama, y Michael Lewis décadas después aconsejando a los escritores novatos sobre escribir por cualquier razón menos por dinero, Bradbury argumenta que escribir por recompensas comerciales o por la aclamación crítica, es una forma de mentir.
Escribir por recompensas comerciales o por la aclamación crítica, es una forma de mentir. Compartir en XEste motivo también deforma nuestras definiciones del éxito y el fracaso. Haciendo eco de las palabras de Leonard Cohen sobre porque no hay que renunciar nunca antes de saber de que estás renunciando, Bradbury escribe:
No debemos mirar con lástima nuestros fracasos. Fracasar es rendirse. Pero tú estás en medio de un proceso que avanza. Entonces nada se acaba. Todo sigue.
El trabajo se hace. Si es bueno, aprendes de el. Si es malo, aprendes todavía más El trabajo que ya hiciste es una lección. No hay ninguna fracaso a menos que renuncies, porque no trabajar es detenerse, y apretar mucho las tuercas nos vuelve nerviosos y por lo mismo destruye el proceso creativo.
Un eterno abogado sobre hacer lo que uno ama, Bradbury termina con una hermosa advertencia para los cínicos.
Bueno, ¿Soné como el líder de algún culto de algún tipo? ¿Un yogui alimentándose de nueces de la India y almendras bajo una higuera? Te aseguro que si hablo de todas estas cosas es porque me han funcionado por más de cincuenta años. Y pienso que también te pueden servir. La verdadera prueba está en hacerlo.
Entonces, se pragmático. Si no estás contento con tu escritura hasta el momento, dale una oportunidad a mi método.
Si lo haces, creo que fácilmente encontrarás una nueva definición para El Trabajo.
Y esa definición es AMOR.