
Ilustración de Sofia Azevedo
El libro de Amanda Palmer sobre el arte preguntar y construir una comunidad que soporte tu trabajo artístico. Sigue la guía práctica y vive de lo que escribes.
Seguro ya conocen la historia: una chica alta, guapa, blanca y medio rara, vestida con un traje de novia, parada sobre un pedestal en medio de una plaza pública, haciéndola de estatua mientras el cielo se pone negro encima de ella. El negro se aprieta y las nubes escupen millones de lanzas hasta dejarla empapada. Pero la lluvia se pasa rápido, sale el sol y la chica, Amanda Palmer, sigue parada ahí, secándose, mientras la gente que vuelve a ocupar la plaza se acerca a echar monedas en su sombrero. Cuando una moneda cae, como ya sabrán, la estatua se mueve. Amanda despierta, se estira, hace una caravana y entrega una flor.
La misma Amanda Palmer contó esta historia en una de las famosas TED Talks. El video con la plática de Amanda enseñando la imágenes de los tiempos en que se vestía de novia y ganaba todo el dinero que necesitaba para vivir de ese trabajo, se extendió a lo largo y ancho de internet. Casi todos lo vimos.
En el video Amanda habla del arte de pedir, de lo que significa hacer contacto de verdad: caer en los brazos de tu comunidad y dejar que el intercambio entre seres humanos, que el arte permite y alienta, ocurra.
Dejar que el intercambio entre seres humanos, que el arte permite y alienta, ocurra Compartir en XDespués de la plática se corrió la voz del video y más y más gente lo vio (hasta el momento tiene más de 6 millones de reproducciones) y alguien, me imagino que uno de esos misteriosos ejecutivos editoriales vestidos con un elegante traje de platino, le pidió a Amanda que escribiera un libro a partir de su plática.
Amanda se encerró en una casita en Australia durante meses, separada de su esposo, el buen Neil Gaiman, y se aventó este sorprendente, honesto, divertido, y llegador libraco: El arte de pedir, o en inglish, The Art Of Asking (amz México/amz España / amz EU).
Una guía fundamental, para cualquiera interesado en hacer arte durante toda su vida y vivir de ello
Más que un libro, es una guía fundamental, basiquísima, para cualquiera interesado en hacer arte durante toda su vida y vivir de ello por completo. Lo más importante, es una guía para aprender a pedir, para dejarnos de esas mamadas estoicas y virtuosas, de machos o heroínas que creen que todo tiene que hacerse por uno mismo.
El arte de pedir ayuda
¿Y por qué chingados no pedimos ayuda? ¿Por qué diablos no pido tanta ayuda como verdaderamente necesito? Esa es la pregunta que me salta durante cada párrafo del libro. Y bueno, la respuesta es fácil y obvia: porque tengo un putero de miedo. ¿A qué? a que me rechacen, a que me digan que no sea egoísta y lo resuelva por mí mismo, como lo hacen todos.
Las palabras de Amanda caen como buenos azotes sobre mi lacerada espalda.
¿Podría, en algún momento, pedirle a la gente que me lee, a mi comunidad, qué me apoye? ¿O me vería muy ridículo pasando a sus mesas con mi sombrerito a mendigarles unas monedas?
Amanda dice, y lo creo también, aunque aún no me atreva aún a pasar el sombrero, que los artistas ofrecen algo hermoso o doloroso o tierno al mundo y deberían permitirse pedir ayuda, remuneración a cambio de esa comunión.
El libro de Amanda habla de todo esto y, en pocas palabras, te conecta… y eso es a lo que todos nosotros, escritores y artistas de todo tipo, aspiramos: a conectar.
A lo que todos nosotros, escritores y artistas de todo tipo, aspiramos: a conectar. Compartir en XLeerlo fue como revelar negativos en un cuarto oscuro y ver como la imagen, la realización, la conciencia que había estado escondida en alguna parte de mi cabeza, aparecía poco a poco.
¿Por qué chingados escribo? ¿Cuál es la relación que quiero con la gente que me lee?

Ilustración de Elsa Mora
La importancia de los artistas
¿Para qué quiero escribir? ¿Para ver mi nombre en la portada de un libro y tener fans en mis presentaciones y cogérmelas a todas? ¿Sólo quiero ser un rockstar de la literatura o me importa conectar, de verdad, con la gente que se interesa por leer lo que hago?
¿Sólo quiero ser un rockstar de las letras o me importa conectar, de verdad, con los que se interesan en mi trabajo? Compartir en XHace un chingo, cuando tenía veinte años y sólo quería escribir, imprimía pedazos de mi diario y me salía a recorrer las calles repartiendo las hojitas con la narración de mi vida a cualquiera que las aceptara. Esa era mi versión de ser una estatua y reducir el arte al intercambio más básico: la gente me leía, se conectaban, y luego me escribían de regreso (al pie de cada hojita estaba mi correo electrónico). Además de conocer chicas, lo más beneficiosos de ese tipo de guerrilla literaria era bajarme del pedestal y aventarme a los brazos del rechazo. A huevo me daba miedo y a huevo sentía bien culero cuando alguna fresita, al darle mi hoja, ponía los ojos en blanco, me torcía la boca y se iba sin aceptar mi escrito.
imprimía pedazos de mi diario y me salía a recorrer las calles repartiendo las hojitas con la narración de mi vida
Es tan fácil olvidarnos de la razón por la que escribimos: para que nos lean, para conectar, para intercambiar algo; esa sustancia oscura o radiante y misteriosa que se intercambia entre tú y tu escritor favorito cuando acabas de leer su última novela. Un sustancia que nos hace vernos los unos a los otros.
Ahora bien, ¿Qué chingados tiene que ver esto con el dinero y con vivir sólo de escribir? Eso es lo interesante, que quizás este es el único modo, herramienta, vehículo accesible para todos los queremos vivir sólo de lo que escribimos y creamos. Primero, preocuparnos por el contacto humano y por conectar con nuestros seguidores; bajarnos del pedestal de los rockstar, pararnos a su altura y dejar que la posibilidad del rechazo, o de conectar verdaderamente, caiga directamente sobre nosotros. Porque así en un futuro se creará una comunidad de amigos, de familia, que esté dispuesta a pagar por el intercambio, que esté dispuesta a darnos su tiempo o su dinero o su energía para que nosotros creemos más, y se los demos de regreso, para continuar con el círculo infinito de intercambio.
Una vez que somos conscientes de la importancia que tiene el arte en el mundo, no desde la perspectiva del ego, podremos aceptar que nuestros cuentitos o poemitas, sí son importantes; no para revolucionar la literatura mundial, ni para ganarnos premios, sino para conectar con las personas que disfrutan de nuestro arte. Así convertimos nuestro papel de artistas en un simple oficio, útil, que sirve a la gente que nos rodea; sabiendo que lo que hacemos es igual de importante que los muebles que construye un carpintero o los tacos de suadero del güero, o las mamadas de las prostitutas y transexuales de Tlalpan, entonces sí podremos pedir algo a cambio: ayuda, atención, dinero.
Ahhh, aquí el punto difícil, la vergüenza de pedir dinero por nuestro trabajo.
Ahhh, aquí el punto difícil, la vergüenza de pedir dinero por nuestro trabajo. Porque, como dice Amanda, ¿Es un trabajo de verdad pararte durante horas y actuar como estatua? ¿Es trabajo esto que escribo, o un entrada en mi blog donde hablo sobre el miedo que tengo a que mi hijo se muera o el último poemita que escribí? Son demasiados años, décadas, susurros, comentarios familiares, diciéndonos que ser artista no te da de comer y no sirve de nada; hay millones de mitos románticos y leyendas sobre el artista muerto de hambre y millones de papás y abuelitos y gente seria, que lo único que sabe con seguridad es que en esta vida hay que tener un trabajo formal, sólido, que te haga ganar dinero.
Son demasiados años, décadas, susurros, familiares, diciéndonos que ser artista no te da de comer y no sirve de nada Compartir en X
Ilustración de Elsa Mora
Lo más chingón del libro
En pocas palabras, todo se resume en esto: hay que bajarnos de nuestro pedestal del miedo, arremangarnos y entrar en contacto, directo, recíproco, transparente, con la gente que se interesa en nuestro trabajo. Si lo hacemos con el corazón, tarde o temprano, nuestra tribu crecerá, y podremos pedirles ayuda para seguir creando para ellos.
Aquí la colección de perlas de lo mero bueno, es decir, las partes más chingonas que subrayé en el libro. Dejemos que Amanda hable:
[pullquote align=»full» cite=»» link=»» color=»» class=»» size=»»]Ese afán de conectar los puntos y compartir lo que has conectado es lo que te convierte en artista. Si utilizas palabras o símbolos para conectar los puntos, seas un “artista profesional” o no, eres una fuerza artística en el mundo.
Cuando los artistas trabajan bien, conectan a la gente consigo misma y con otros, a través de esa experiencia compartida de descubrir una conexión que antes no era visible.[/pullquote]
[pullquote align=»full» cite=»» link=»» color=»» class=»» size=»»]Hay una cierta idea de gratitud indiscriminada que es esencial afinar para sobrevivir en las artes. Uno no puede permitirse ser exigente con su público ni con la forma cómo deciden pagarte por tu arte. ¿En efectivo? ¿Ayudándote? ¿Siendo amables?
Cada una de estas divisas tiene un valor distinto.
Es importantísimo sentirse agradecido con los pocos que se paran a mirar o a escuchar, en lugar de perder energía molestándose con la mayoría que pasa de largo.[/pullquote]
[pullquote align=»full» cite=»» link=»» color=»» class=»» size=»»]Ahora me doy cuenta de que siempre me sentía culpable por haber decidido ser artista; me limitaba a sufrir una tortura interior constante, atraída hacia una vida dedicada al arte y al mismo tiempo sintiéndome ridícula por haber elegido ese camino. La Policía Antifraude me vigiló sin descanso en mis veintitantos; las voces fastidiosas hervían bajo la superficie y me atormentaban en una espiral interminable y estridente:
¿Cuándo vas a madurar, conseguir un trabajo de verdad y dejar de hacerte el tonto?
¿Qué te hace pensar que mereces ganar dinero cantando tus cancioncitas?
¿Cuándo vas a dejar de ser tan egoísta y vas a empezar a hacer algo ÚTIL, como tu Hermana la Científica?
Si tomamos estas preguntas y las convertimos en afirmaciones, llegamos a lo siguiente:
Los artistas no sirven para nada.
Los adultos no son artistas.
Los artistas no merecen ganarse la vida con su arte.
“Artista” no es una profesión.[/pullquote]

Ilustración de Elsa Mora
[pullquote align=»full» cite=»» link=»» color=»» class=»» size=»»]A veces la cola de los autógrafos me sirve para no estar sola.
A veces la cola de los autógrafos me recuerda que este trabajo no tiene que ver conmigo misma, sino con todo el mundo.
La cola de los autógrafos sobre todo me hace sentir conectada con la gente que hay alrededor del fuego.
Tengo que verles las caras.
A veces me parece que yo necesito la cola de los autógrafos más que ellos.
Si no firmo después de un concierto, lo noto. Me entra una enorme sensación de soledad.
No firmar ni quedarse un rato después del concierto es como llevarse a casa a un ligue de una noche, acostarse apasionadamente con esa persona y luego ver desde la cama cómo se viste y se larga justo después del orgasmo.[/pullquote]

Ilustración de Sofia Azevedo
[pullquote align=»full» cite=»» link=»» color=»» class=»» size=»»]A mí me parecía bastante sencillo: trabajas a tope, tocas para tu público, hablas con él, te comunicas con él, lo abrazas y conectas con él de todas las maneras posibles y, a cambio, te apoya y convierte a sus amigos a la causa. Es entonces cuando la música funciona mejor, cuando la gente la utiliza para estar en comunión íntima y conectar unos con otros. Así de sencillo.
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[pullquote align=»full» cite=»» link=»» color=»» class=»» size=»»]En general, los artistas más felices que conozco son los que consiguen vivir decentemente de su arte sin tener que preocuparse demasiado por las facturas. Esto no significa que todos los artistas que se sientan alrededor de una fogata o que tocan en bares minúsculos sean “más felices” que los que cantan en estadios, pero más no siempre es mejor. Si el fin último es notar la conexión con los demás, puede resultar más difícil alcanzarlo cuando uno está separado del público por una valla de diez metros. El punto de equilibrio ideal es aquel en el que el artista puede compartir con toda libertad su arte, pulsar directamente las reacciones de la comunidad a su don artístico, y ganarse la vida haciéndolo. En otras palabras, cuando funciona mejor es cuando todo el mundo se siente reconocido.
Como artistas y como seres humanos, si nuestro miedo es la escasez, la solución no necesariamente es la abundancia.
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Ilustración de Vladimir Zimakov
[pullquote align=»full» cite=»» link=»» color=»» class=»» size=»»]Durante la mayor parte de la historia de la humanidad, los músicos y los artistas han formado parte de la aldea, y se han relacionado libremente con ella. Han sido curanderos, personas que sabían escuchar y que abrían la mente de los demás, y han estado en contacto con la comunidad; no eran estrellas intocables en una pantalla u ocultas tras barricadas. Cuando yo era joven pensaba que la distancia de las estrellas “de verdad” tenía glamour. Pero, en realidad, estar enamorado a distancia es solitario. Quizá incluso peor que no estarlo, porque tiene algo que resulta antinatural.
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[pullquote align=»full» cite=»» link=»» color=»» class=»» size=»»]Tenemos una relación muy jodida con los artistas.
Si bien aplaudimos sus obras de arte, impresionantes y capaces de cambiarnos la vida, a la vez los contemplamos con suspicacia, menosprecio y otros sentimientos del tipo BÚSCATE UN TRABAJO.
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[pullquote align=»full» cite=»» link=»» color=»» class=»» size=»»]El arte y el comercio nunca han formado una pareja armoniosa. Los problemas que surgen de unir la expresión artística y el dinero no desaparecen, simplemente cambian de forma. Hoy en día se les lanzan muchos jitomates a los artistas que recurren al crowdfunding: “Dejen de autopromocionarse. ¿No les da vergüenza?”. Frases como estas hurgan en las emociones a las que se enfrentan la mayoría de los artistas. Ese miedo a que te llamen desvergonzado es lo que hace que pensemos dos veces antes de compartir nuestra obra con QUIEN SEA.
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[pullquote align=»full» cite=»» link=»» color=»» class=»» size=»»]Cualquier comunidad pequeña y sostenible de fans funciona así. El crowdfunding funciona así.
Hay años y años de verdadero trabajo, toneladas de intercambios no monetarios, mucho esfuerzo invertido en estrechar la red, y una serie interminable de momentos importantes. Se crea y se comparte buen arte, se ofrece ayuda, se habla hasta aburrir a las piedras, se intercambian emociones, y el abono de la conexión real y profunda se esparce por todo el campo.
Entonces un buen día el artista aparece y pide algo.
Si el terreno se ha abonado lo suficiente, el público responde sin dudarlo.[/pullquote]
[pullquote align=»full» cite=»» link=»» color=»» class=»» size=»»]¿Cómo podemos crear un mundo en el que la gente no piense en el arte sólo como un producto, sino como una relación?[/pullquote]
¿Cómo podemos crear un mundo en el que la gente no piense en el arte sólo como un producto, sino como una relación? Compartir en X
#Guerrillaexistencial
Guía práctica para que el libro no se quede en puro choro
Ahora, como si fuese yo el profético líder del proyecto Caos, el mero Tyler Durden, aquí les van sus tareas, sus experimentos personales-existenciales para que todo el choro de este libro no se quede en sólo eso, palabras y palabras y palabras. Así que pónganse el oberol y salgamos a la calle a empezar a hacer la chamba que tenemos que hacer.
Advertencia: Primero pide ayuda.
La regla de oro para cada una de los experimentos es: PIDE AYUDA. Si no entiendes algo, escríbeme, en serio, mándame un mail y dime, güey, no entiendo esto, cómo le hiciste tú, cómo le hago yo. Si crees que es mucho mandarme un mail, déjame un comentario en esta entrada. Pídele ayuda también a tus amigos, para que te acompañen a cada misión. Si lo haces va a ser más fácil y más divertido.
Advertencia 2: No me hago responsable del dolor ni el rechazo de nadie. ¡Y si hacen cada uno de los experimentos, habrá mucho! Así que apriétense bien los huevos u ovarios y presuman esas fabulosas encías ensangrentadas y esos alucinantes moretones. El que tenga más, gana.
Aviso: Como ya vi que los foros de Tinta Chida están casi desiertos, vamos a revisar todas nuestros experimentos en este grupo de facebook, ahí compartiremos los resultados, rechazos, y mostraremos fotos de nuestras pruebas: dientes rotos, ojos morados y, por qué no, hasta nuestros éxitos.
Tip: si crees que no vas a poder y esto de preguntar y ser rechazado te pone los nervios más temblorosos que un adicto con mal del parkinson en abstinencia, léete este artículo sobre las 25 cosas que cualquier escritor necesita saber sobre el rechazo y, para complementar, este sobre el arte de la chingonería.
Experimentos
Se recomienda hacerlos en el orden sugerido
#Experimento 1: Pide ayuda a alguien que ya lo haya hecho
Lo primero que tienes que hacer es hablar con un escritor que viva sólo de su oficio, un escritor consagrado, pues. Invítale unas chelas, pregúntale cómo le hizo y si te puede ayudar. Ya sé, es difícil porque te puede decir que no, no estés chingado. Y eso duele, un chingo. Pero si te dice que sí, te vas a ahorrar un montón de tiempo y sufrimiento.
Cuando hables con él, no te escondas. No llegues con el escudo puesto de ser alguien o de ya saber algo. En este momento, como diría Tyler, No eres un bonito y único copo de nieve. Eres lo más bajo de lo más bajo de la inexperiencia. Disfruta tu posición y haz las preguntas más tontas que se te ocurran. Algunas que se me vienen a la cabeza.
¿Cómo empezaste?
¿Realmente vives de escribir?
¿Cuales son tus entradas de dinero?
¿Cuántas veces has participado en concursos?
¿Cómo conseguiste tu beca?
¿Realmente necesitas contactos, cómo consigo contactos?
¿Cuánto ganas de tu taller, podría yo empezar a dar el mío?
¿Cómo le hago para empezar a escribir para una revista?
Oye, pero, no chingues, ¿y si no conozco a ningún escritor en esa posición?
¡Búscalo! Rastrea el mail de los escritores de tu ciudad, háblales en tuiter, pregúntale a un amigo si no conoce a un amigo. Ojo, tienes que concertar una cita personal, o al menos por facetime o skype. Te van a mandar a la chingada un buen de veces. Es cuestión de probabilidad, entre más te rechacen más chance tienes de que alguno te diga que sí. Si quieres usa Tinta Chida de pretexto, diles que estás haciendo un artículo para nosotros y necesitas investigar. Luego, no seas gandul, y en serio compártenos tus resultados para que todos nos enriquezcamos.
PD: No te hagas el héroe. Se vale ir acompañado.
#Experimento 2: Reconéctate
Hahahaha. Esta es deliciosa. Se trata de hacer tu propia versión de la estatua de Amanda Palmer.
Vas a necesitar:
- Uno de tus cuentos o poemas o el primer capitulo de tu novela
- Una impresora o copiadora
- Muchos huevos
Instrucciones:
Imprime el que consideres uno de tus mejores cuentos, poemas, ensayos, pedazos de tu diario. Entre más personal, mejor. Te recomiendo que escojas uno no tan largo, para que puedas acomodarlo en dos hojas, por adelante y por atrás y así te ahorres una lana. Añádele un mail para que te escriban. Sácale por lo menos 100 copias. Escoge un banqueta transitada. Reparte tus hojas. Ahora, el chiste es ver a las personas que reciben tu hoja a los ojos y hacer contacto cuando se las entregues. Dales gracias cuando la reciban, quédate a recibir el impacto de frente cuando te rechacen y hagan una mueca como de que les das asco. Eso es lo bonito, lo que realmente te va a fortalecer. Y por supuesto, si se quieren quedar a platicar contigo o a preguntarte qué es lo que estás haciendo, no los ignores, recuerda, lo importante es hacer contacto.
Finalmente, dile a alguien que te acompañe y te tome una foto. Comparténosla al resto del ejército de monos espaciales de este proyecto con el hashtag #experimento2 y dinos cómo te sentiste.
#Experimento 3: Conoce a tu tribu
Empieza por preguntarte: ¿Qué gente ya lee y le gusta lo que haces? Por ejemplo, si escribes steam punk post apocalíptico, ¿quienes son las personas que te leen? Escribe una semblanza de ese lector ideal imaginario. ¿Qué le gusta, qué programas de tele ve? Se trata de inventar un personaje. También, al mismo tiempo, tendrás que definir para quién no está hecho tu arte. Los que de plano no quieras que entren a tu tribu. Mira, aquí te dejo un ejemplo de este ejercicio. Yo lo hice para Tinta Chida, para saber quienes quiero que sean parte de esta comunidad. Una vez que hagas tu ejercicio, róbate unas fotos de tus amigos de facebook o busca alguna imagen en google para que le pongas una cara al miembro ideal de tu tribu.
Comparte tu tarea en el grupo de tinta chida o en tuiter: con el hashtag #experimento3.
#Experimento 4: Arma tu primera lista.
Amanda dice que cada vez que se encontraba a alguien en la calle, un viejo conocido, o un amigo al que le hubiera gustado una de sus canciones, le pedía su email para añadirlo a su lista de correos. No estaba nada perdida la Amanda, cualquier especialista marketing en internet sabe el valor de tener una lista de correos bien chingona y de cómo son todavía más importantes que las redes sociales. Así que en este experimento tendrás que empezar a construirla.
Primero necesitas una plataforma de email marketing. Te recomiendo usar Mailchimp, que es gratis hasta los 2000 correos. Abre una cuenta. Es muy fácil.
Dos: Haz una lista con todas las personas que conoces. Incluye todos los mails que tienes en gmail, la gente de tu trabajo, tu familia.
Identifica quienes de ellos cumplen o se acercan al perfil del miembro ideal de tu tribu.
A ellos, sólamente, mándales un mail o platícales en persona que estás haciendo una lista para avisarles cuando saques un nuevo cuento, o un nuevo poema, lo que sea. Diles que crees que a ellos les podría interesar y pregúntales si te dan permiso de agregarlos. No te preocupes, siempre hay alguien al que le interesa lo que haces, sin importar el nivel en el que estés. Con que juntes 5, 10, 20 mails es más que suficiente por ahora.
Una vez que tengas la lista, compártenos aquí, con el hashtag #experimento4, el número que lograste y los detalles de la experiencia.
Estas son los cuatro primeros experimento. Iremos añadiendo más de ellas, digo, si es que alguien se atreve a hacerlas y no me quedo aquí solito, como baboso, contemplando a la nada.
Recomiéndenlo
Primero, lean el libro y luego compártanlo en redes sociales, regálenlo, coméntenlo en twitter, facebook, linkedin, en su blog. Entre más gente aprenda a valor a los artistas por el verdadero papel que cumplen en el mundo, mucho mejor.
Si no has leído el libro y lo quieres comprar, puedes hacerlo a través de estos enlaces, para de paso, apoyar a Tinta Chida (nos quedamos con un pequeñísimo porcentaje del precio). Así podremos, en un futuro, sostener este proyecto sin usar publicidad. El arte de pedir, o en inglish, The Art Of Asking (amz México/amz España / amz EU).