
Ilustración de Idalia Candelas
Una entrevista con Idalia Candelas sobre la vocación y cómo a pesar de la crítica y los comentarios poco optimistas de nuestros papás, uno puede, en cualquier etapa de su vida, dedicarse profesionalmente a lo que más le apasiona.
Toda su vida había querido dedicarse a dibujar y por fin lo estaba haciendo…
Las fechas se confunden en mi cabeza, pero recuerdo muy bien haber estado scroleando páginas web —seguramente durante algún momento de procrastinación o de tiempo libre— (la primera opción es más probable que la segunda) cuando me encontré con las ilustraciones de Idalia Candelas en mi ocioso andar por el feed de Facebook.
Durante el último año yo había vivido con muchas personas, en todo tipo de circunstancias; desde un departamento acogedor en Berlín, hasta un cuartito en Salvador de Bahía que compartía con otras cuatro chicas. De esas experiencias entendí que lo que más necesitaba en mi vida era un espacio en el que pudiera hacer, o no, lo que me viniera en gana.
La libertad llegó en octubre del 2015, cuando por fin encontré mi propio espacio.
Unos meses después de que me pasara esto, Idalia Candelas puso a correr en la red su proyecto editorial A solas, una serie de ilustraciones que representa la felicidad de la mujer que vive sola por convicción. Y por supuesto, y sin entrar en detalles ñoños y previsibles, me limitaré a decir que me identifiqué mucho con esas solitarias imágenes. Y no fui la única. Con el paso de los días, de aquí a allá, vi a las chicas blanco y negro de Idalia recorrer el mundo, ora en una página de novedades brasileña, ora en el Huffington Post. Hacía cuatro años que no hablaba con ella.
Yo conocí a Idalia en su antiguo negocio, una Boutique de Papel, la única que he conocido en México. Un localito encantador sobre la calle de Pachuca, en el mero corazón condechi. Tiempo después, los dueños del lugar le pidieron que lo desocupara para convertirlo en una tienda de mascotas, (oh sí, una tienda de mascotas). Nos vimos para finiquitar negocios e Idalia me contó que a partir de ese momento se enfocaría en el taller que tenía en la Roma, donde hacía proyectos de diseño en papel bajo pedido… Y a partir de entonces no tuvimos más comunicación.
Sin embargo, el voyeurismo (in)voluntario al que nos enfrentan las redes sociales —y que a veces nos lleva a enterarnos todo sobre la relación amorosa de nuestro amiga Lupita, la de la primaria, esa a la que hace veinte años no vemos—, también nos puede convertir en los testigos silenciosos del crecimiento de una persona.
De pronto supe que Idalia ya no estaba en el DF, sino en “algún lugar” al que ella siempre se refería como “aquí”, y del que yo poco sabía. Ella había hecho realidad el sueño del 90% de los chilangos: dejarlo todo para irse de la ciudad. Por esos días comenzó a subir imágenes de sus ejercicios como ilustradora, y de a poco me enteré que no sólo cumplía el sueño de alejarse del smog y de Miguel Ángel Mancera, sino que estaba cumpliendo con algo que se debía a sí misma: toda su vida había querido dedicarse a dibujar y por fin lo estaba haciendo. Y fue durante ese periodo en el que estuvo cercana al mar cuando desarrolló su proyecto A solas.
Idalia regresó a la ciudad sabiéndose victoriosa. En cuestión de días, la primera edición de su libro —un objeto artesanal de tiraje limitado— estaba agotadísimo. El contador de seguidores en redes sociales iba en aumento; le llovían mensajes llamadas, pedidos, ofertas de trabajo, entrevistas… Al tiempo que sus ilustraciones se hacían virales, ella se animó a hablar de los fantasmas que la atormentaron, de las voces que le dijeron que dibujar no le iba a dejar nada bueno y del momento en que ella decidió mandar todo al diablo para seguir su propio sueño.
Si les interesa enterarse sobre el éxito de las ilustraciones de Idalia Candelas, basta googlear su nombre, y listo. Tinta Chida quiso retroceder un poco el cassette para hablar de lo que pasó por la mente de Idalia antes de decidir dar el paso, y cómo ha logrado vivir haciendo lo que ama, eso que toda su vida le dijeron que no la llevaría a nada bueno.

Ilustración de Idalia Candelas
Entrevista a Idalia Candelas
¿Qué hacías antes de dedicarte de lleno a dibujar?
Tuve un negocio que me duró muchos años, como 15, que comenzó con invitaciones de boda. Diseñaba la invitación de acuerdo al evento y trabajaba para wedding planners. Después me entró una crisis al pensar que quería hacer más cosas, y poco a poco se fue dando. Empecé hacer cosas muy creativas con papel. Al final terminé trabajando para agencias de publicidad. Desarrollábamos lo que a ellos se les ocurriera: desde mariposas gigantes, maquetas completas con edificios, casas, árboles —todo de papel—, hasta cosas muy chiquitas como mariposas para poner en un vaso. Eso me gustaba, pero la verdad era muy cansado. Al final mi sueño siempre fue, desde que era niña, dibujar. Después le puse un nombre: quería convertirme en ilustradora. Entonces llegó el momento, dije estoy a la mitad de mi vida, creo que no quiero llegar a los 50 años y arrepentirme porque no hice algo que todavía puedo hacer. Decidí cerrar el negocio, a lo mejor fue muy arrebatado. Me fui del DF y ahí fue cuando empecé a estudiar otra vez, a armar todo para lograr esto.
¿Y cómo te sentías cuando te levantabas y hacías miles de otras cosas, excepto dibujar?
Fíjate que a pesar de que nunca quise trabajar para alguien, siempre, de alguna manera, yo me inventaba mis trabajos, y eso me hacía sentir bien, pero no era por completo feliz. La verdad sí tenía cierta frustración por no hacer lo que yo quería hacer. Además, estaba segura que podía hacerlo, entonces eso me molestaba hasta conmigo misma. Me sentía mal.
¿Si tú sabías que podías hacerlo, qué pasaba?
Pues a pesar de que dibujé desde niña —lamento mucho decir esto porque mis papás se sienten— siempre me dijeron que eso no servía para nada. Estudié diseño gráfico porque pensé que así iba a poder dibujar. Después me di cuenta que no me gustaba el diseño gráfico. Aún con eso, me decían que esas carreras no servían para nada, que hubiera buscado mejor algo que me hiciera ganar dinero, como ser abogada o contadora.
Cuando ya no estuve con mis papás y conviví con otras personas, siempre fue lo mismo, “la gente que dibuja no gana dinero” o “no te va a ir bien, sólo pierdes el tiempo”. Y bueno, no le voy a echar la culpa tampoco a esas personas. Llegó el momento en que dije, ya no le puedo echar la culpa a todos ellos, si no lo hago yo, pues es mi responsabilidad. Fue cuando decidí dejar todo —porque así fue lo que tuve que hacer— para tomar ese camino.
En Tinta Chida hablamos de las voces en la cabeza que nos dicen que todo va a salir mal, que vamos a fracasar. Pero, ¿tú nunca tuviste ese miedo?
Puede ser. A lo mejor, que ya estoy grande. [risas] Yo sabía que cuando decidiera hacer esto iba a tener quizá colegas de 20 años, o sea, de la mitad de la edad que yo tengo. Tal vez sea por la edad, pero no tuve miedo a fracasar. He pasado por muchas cosas en mi vida, lo he perdido todo, y la verdad, lo último que pensé ahora fue en que no fuera a funcionar. De hecho, estaba muy segura de que iba a salir todo bien. Nunca dudé tampoco de mi capacidad para ilustrar. Sólo que nunca pensé que fuera a ser tan rápido. Todo esto que pasó fue una sorpresa. Pero no, no dudaba.
En los meet up’s de Tinta Chida nos hemos encontrado con gente que viene de todas las disciplinas posibles, todos tienen el deseo de escribir, pero también todos tienen miedo al fracaso, a no hacerlo bien…
Sí, de hecho eso no me lo han preguntado mucho. La semana pasada me entrevistaron para una revista, y la reportera que me entrevistó me dijo lo mismo: “yo quiero dedicarme a la cerámica, pero me da miedo dejar todo lo demás”. Le dije que creo que a mí me funcionó porque nunca tuve miedo. No pensé qué va a pasar, voy a perder. Nada. En realidad lo que yo hice fue un plan, una estrategia, por la misma razón que pensé que no estoy en edad de ponerme a estudiar y dejar pasar un rato en lo que encuentro mi estilo. Yo tenía que ver si me iba a dejar, si me iba a mantenerme igual, de eso. Hice bien un plan. Dije: voy a trabajar, voy a estudiar aquí, voy a armar redes, Instagram, Facebook; voy a publicar cada tanto tiempo. He ido planeando bien todo lo que ha sucedido.
¿Y ahora ya vives de lo que estás haciendo?
Sí. Para mí fue una sorpresa que se viralizara mi trabajo por todo el mundo. Todo esto sucedió por un tema que yo abordé, con el que muchas personas se identificaron. ¿Qué va a pasar cuando yo empiece a subir otras ilustraciones? ¿Les van a gustar? Afortunadamente sí, está sucediendo, sí les están gustando, y eso me da muchísimo gusto. Pero obviamente, lo que sucedió con todo este boom es que toda esta gente —de todo el mundo— me empezó a pedir libros, empezó a pedir prints. Yo tuve que reaccionar de manera inteligente e inmediata. Armé una pequeña empresa en la que tengo dos personas que me asisten y administran todo mientras yo dibujo. Y sí, estoy viviendo de todo esto.
Entonces, ¿se puede vivir de tu oficio?
Conozco a muchas personas que dudan, y no sólo por el rechazo. A lo mejor, como hemos escuchado todo el tiempo —que fue lo que me pasó a mí— que “de eso no vas a vivir”, pensamos: “¿De verdad voy a poder vivir de esto que me gusta?” Yo podría decir: “no puedo creer que estoy recibiendo dinero sólo por dibujar.” Yo hice un estudio. Pensé: un ilustrador ¿qué es lo que hace? Hay que diversificar, no pensar: “sólo voy a estar haciendo dibujitos”, voy a dar talleres. Puedo vender, puedo hacer trabajos sobre pedido, puedo trabajar para una editorial.

Ilustración de Idalia Candelas
Tinta Chida tiene un libro de 12 ideas bizarras para vivir de escribir, y se trata de eso, de diversificar el oficio. Sí, podemos escribir una novela, pero también podemos escribir guiones para comics porno. Se pueden ilustrar libros porno.
¡Sí! ¿Por qué no? Claro.
¿Y por qué crees que la gente asume que no se puede vivir de los oficios artísticos?
Sinceramente, me parece que es falta de cultura. Por otro lado, tengo compañeros —personas jóvenes— que están empezando sus proyectos y sus familias siempre los apoyaron. Creo que es la cultura. También otra cosa muy chistosa es que esa gente que te dice que eso no sirve para nada, que dejes de perder el tiempo, en el fondo tiene ahí algo, como yo quisiera ser como él y ganar dinero sólo de dibujar.
¿Y ahora encuentras alguna dificultad para vivir de lo que amas? ¿Hay algo que no te guste?
No, todo me gusta. Pienso que a mí me ayudó mucho el haber tenido un negocio propio tantos años. Puede suceder que pensemos que sólo voy a dibujar, o sólo voy a escribir. Pero tienes que aprender a administrar. Uno tiene que aprender administrar su tiempo, ser responsable para cumplir con las comisiones que te piden, sobre todo si te las pagan por anticipado. Tienes que pagar impuestos, tienes que pagar todos los gastos de operación. No es lo que se piensa de una vida muy disipada en la que sólo dibujas. Esto es como cualquier trabajo, y lo tienes que respetar.
¿Cuál cuál crees que sea el mayor obstáculo que tiene que superar alguien que quiere vivir de lo que hace?
El miedo. El miedo nos paraliza. Si uno piensa “no voy a poder, no lo voy a lograr” empiezas a construir un muro. Yo siempre digo esto, aunque suene como optimismo barato, pero hay que visualizar lo que uno quiere e irse sobre ese caminito.
¿Qué haces para promocionar tu trabajo?
Bueno, pues yo sí tenía que ser mi propia publirrelacionista, sobre todo, porque de verdad empecé desde cero. Conocía a uno que otro ilustrador aquí en México, pero no tenía contacto con nadie. Estaba —de hecho todavía un poco— por completo desconectada de todo esto. Entonces, no solamente fue crear redes como una página en Facebook, en Instagram, en Twitter, sino empezar a ir eventos donde hubiera ilustradores, llegar a platicar con ellos, enseñarles mi trabajo, darles seguimiento, pedir asesorías. Conectarme con las personas que están dentro de este medio. Pienso que también es bien importante —y bueno, por supuesto— estar atento del trabajo que subes para que lo vea la gente. Ahora, la verdad, las redes sociales son una súper ayuda. Puedes ver cómo reacciona esa gente que está viendo tu trabajo y saber si les gusta, si sigues por ahí, a lo mejor necesitas algo.
¿Tienes contacto directo con las personas que te siguen?
Lo que generó todo esto es que tenía 100 mensajes diarios en Facebook. Ya bajó, ahora tenemos de 15 a 20 mensajes. Aún así, son personas que no solamente te hablan para decirte: “me encanta tu trabajo”, “me sentí muy identificado”; sino personas que te dicen: “oye quiero comprar el libro”, “te mando mi foto dime cuánto me cuesta que me hagas una ilustración”, o “estoy haciendo un libro, me gustaría que tú lo ilustraras”. No puedes dejar de contestar todo eso. No sólo es Facebook, es Instagram. En mi mail están entrando todo el tiempo mensajes. Entonces tuve que contratar a una persona para que me ayudara con eso y no descuidarlo. Porque, si al menos yo le envío un mensaje a alguien de quien soy fan, por supuesto que me va a dar mucho gusto si me contesta.
¿Entonces alguien que te escribe, siempre tiene respuesta?
Claro que sí, eso sí creo que es muy importante.
¿Ahora cuánta gente te sigue en Instagram?
Bueno, cuando empezó esto, tenía 300 seguidores en instagram. Ahora Tengo 31,300 seguidores. En Facebook 21,200 seguidores.
¿Crees en la teoría de que sólo necesitas mil fans verdaderos para poder vivir de lo que haces?
Vamos a hablar de Instagram. En Facebook, aunque tengas veintiún mil seguidores, te avisan que sólo tres mil personas vieron tu publicación y que debes pagar si quieres que lo vea el resto. Prefiero Instagram. Yo he subido dibujos que tienen hasta 1500 me gusta. Y pienso: si tengo 31,000 seguidores, ¿qué pasa? Pero también me doy cuenta de la cantidad de personas que nos piden los libros. Entonces, no creo que todas esas 31 000 personas nos sigan todo el tiempo, pero sí veo una respuesta constante.

Ilustración de Idalia Candelas
¿Entonces sí crees que si 1000 de esos 31,000 son verdaderos fans, son ellos los que van a comprar los libros y de dónde va a salir para vivir?
Sí, yo creo que sí.
¿Y qué sigue después de este boom? ¿No te ha dado miedo lo que vaya a pasar?
Sí, el miedo me entró cuando empezó a pasar todo. Me puse muy feliz, pero todo pasó muy rápido. Mi teléfono no paraba de sonar, lo tuve que apagar. Yo no entendía. A las dos semanas hubo un fin de semana en el que me desconecté de todo porque no sabía qué hacer. No pensé que fuera a suceder. Apagar todo por 2 días. Se me hizo como una bola de nieve terrible. Tenía 500 mensajes en Facebook, en mi mail… Decidí que tenía que pedir ayuda. Ahora, casi dos meses después, ya está todo acomodado, y estoy muy contenta, porque también, lo que trajo esto es que me empezaron a buscar editoriales de España. Yo estaba casi cerrando la negociación con ellos para una versión extendida del libro cuando me buscaron de aquí, Editorial Planeta en México.
La verdad me trataron tan bien y me ofrecieron un proyecto editorial tan bueno, que dije bueno ¿qué voy a hacer en España? Entonces ahora estoy trabajando ya con esa versión extendida. Yo inicialmente había planeado hacer A solas, un librito que iba a ser parte de una trilogía de proyectos que hablaban sobre la soledad. Lo que va a pasar ahora es que el proyecto de Planeta va a ser un libro de tres capítulos en el que estén esos que yo había planeado. Afortunadamente no me dio miedo pensar “¿ahora voy a tener que hacer?”, porque no solamente resulta que voy a ilustrar como yo había pensado, trabajando para ilustrar revistas o textos de algún libro, sino que ahora voy a hacer un libro por completo mío, en el que yo voy a escribir y voy a dibujar. El libro está planeado para salir publicado en octubre. Se va a distribuir en México, en América Latina en Estados Unidos y en España. Me fue mejor de lo que esperaba.
Ya hablamos de la gente que te dice que no te dediques al arte porque eso no es productivo, pero existe esta otra postura de personas que es muy posible que estén inmersas en el arte, pero que piensan que es un ultraje generar dinero de él. Que uno no debe “venderse”, que está mal recibir dinero. ¿Qué piensas de eso?
Bueno a mí me resulta un poco difícil, eso sí. Yo no lo tenía contemplado. En mi caso, cuando empecé a subir publicaciones de las entrevistas que me hacían, aparecieron personas que me decían que yo había copiado el estilo de alguien, que no sabía dibujar, que cómo era posible, que si no me daba vergüenza estar haciendo entrevistas si no sabía hacer mi trabajo. Había personas que me decían incluso, que qué tema tan feo, hablar de la soledad. O “te vendiste”, “¿no que te interesaba el arte?”. Ahora pienso que no hay que preocuparse por eso.
¿Cómo afectan las opiniones de otros lo que tú haces?
Tengo un editor muy bueno, Clement, es un ilustrador. Yo llegué con este proyecto A solas con otras personas de quienes admiro su trabajo, me acerqué a pedir su opinión y me dijeron que estaban mal mis dibujos, que estaba mal la anatomía, que me fallaba la perspectiva, que mi calidad de línea era muy mala. Yo me atreví a hacer el libro porque comencé a subir los dibujos en las redes y vi que la gente le gustaban, me pareció que era buena idea utilizarlos los para hacer esta publicación. Entonces yo empecé a pedir estas opiniones y todos me dijeron que estaba mal. Cuando llegué con Edgar Clement —la verdad no había trabajado con él—, le mostré: estos son mis dibujos, éste es mi proyecto, se trata de esto. Yo llegué con todo, y le dije “pero mis dibujos están mal” (porque ya me habían dicho eso todas las personas), “entonces creo que los podría modificar.” Él me respondió: “a ver, si viste que a la gente le gustaron, entonces así tal cual, como están, así se van a publicar, porque eres ilustradora. Y al final, de lo que se trata esto, es de que tú transmitas algo, y tus dibujos transmiten por las miradas que tienen las mujeres, por lo que están haciendo, porque la técnica trae algo de melancolía. Así tal cual se van los dibujos”. Su apoyo me ayudó mucho para saber que lo que estaba haciendo está bien, y al final funcionó.
Sí, ese es otro miedo importante, el miedo a no ser perfectos. ¿Qué le dirías a otros ilustradores o escritores que se enfrentan a comentarios como éstos, como: “tu línea, o tu técnica no es perfecta, así que no lo hagas”?
Yo lo que les diría que no dejen de escribir o de dibujar, que pidan otras opiniones, y si a ti te gusta tu trabajo sigue, sigue, no importa que te digan que no. A mí incluso ahora me han presentado a ilustradores, ven mis dibujos y dicen te falló aquí o allá. Pero ya no me mortifico tanto por eso. Por supuesto que es una responsabilidad, aunque haya funcionado tu trabajo, que tu sigas esforzándote porque todo salga, por pulir tu técnica, por aprender más. Yo pienso que siempre tenemos que estar aprendiendo, pero sin dejarnos llevar por la primera opinión o crítica. Te voy a contar algo bien chistoso. Yo he escrito en alguna ocasión, y ahora, en este libro, van a venir textos acompañando las ilustraciones. Hubo un tiempo en el que escribía microcuentos y entré a un taller literario, no voy a decir con quién. Cuando me tocó leer mi cuento, al final todos se quedaron callados y me empezaron a decir que estaba mal todo, que no había un protagonista, no había historia, que no decía nada, que nadie entendió nada y no sé cuánto. Y ese cuento lo había subido a un blog que tenía y a la gente le había gustado mucho. Igual no eran expertos, pero les gustó. Por eso decidí llevar ese cuento al taller literario, para que fuera lo primero que leyeran, y sí me pegó. No regresé y dije: lo mío no es escribir. Y eso puede pasarnos a todos. Si yo con mis dibujos me hubiera quedado con la primera crítica que me hicieron: están mal, no habría sucedido todo esto. Decidí continuar porque a mí sí me gustaban.
¿Pudiste echarle un ojo al manifiesto de los escritores que sólo quieren escribir? ¿Qué piensas?
Me convenció, me convenció porque por supuesto que cambiando palabras nos queda muy bien a los que dibujamos, y es como un resumen de todo lo que acabamos de hablar y me sentí identificada.