
Ilustración de Dominick Rabrun para Life Hacker
Consejos del mejor chef de sushi del mundo para escribir mejor y ser el más chingón en tu oficio
La historia
En Tokio hay un restaurantito donde sólo caben diez comensales repartidos en una barra de madera atendida por uno de los mejores chefs del mundo, que resulta ser también uno de los más famosos, gracias al documental del 2011, Jiro Dreams of sushi (puedes conseguirlo aquí). Cada sentada en Sukibayashi Jiro, así se llama el lugarcín, te sale en por lo menos 4700 pesos. El chef detrás de todo se llama Jiro Ono, un viejito de 90 años, obsesionado con el arte de hacer sushi. Sí, esos rollitos de pescado crudo que cuestan 30 varos en cualquier esquina, pero que de seguro no son ni la sombra de las obras de arte salidas de las manos de Jiro.
El documental está muy chingón: vemos al anciano Chef preparar el restaurante como si fuera un lienzo, e ir soltando, a lo largo de la peli, pequeñas perlas de sabiduría que ha ido recogiendo durante su carrera, mini consejos que podemos aplicar perfectamente a la literatura y al oficio de escribir.
Aquí van las perlas que apunté inspirado y hambriento, mientras ponía pausa al netflix para que no se me escapara nada. La colección final es digna de enmarcarse. Si decido seguir los consejos de Jiro y aplicarlos a mí oficio, además de la inspiración, por fuerza me harán ser más perro en mi arte y escribir mucho, mucho mejor. quiten de la lumbre el arroz cocido y extiendan sus algas, verdes y crujientes, sobre la mesa de trabajo
Así que lávense las manos, arremánguense, quiten de la lumbre el arroz cocido y extiendan sus algas, verdes y crujientes, sobre la mesa de trabajo, que el maestro Jiro está por empezar la lección.
Regla: después de leer cada perlita, sustituir la palabra sushi o chef, o comida, por novela, escribir o escritor. Verán ustedes como así pegan más duro la enseñanza.
I
«Una vez que decidas cuál será tu ocupación debes sumergirte en ella, debes enamorarte de tu trabajo y nunca quejarte de él. Debes dedicar tu vida a perfeccionar tu arte. Ese es el secreto del éxito.»

Ilustración de Elian Tuya
He escrito desde que estaba bien chavito. Siempre estuve seguro que esa era mi pasión, pero hasta apenas hace unos meses decidí dejarme de mamadas y tomármelo como lo que es: el oficio al que quiero dedicarme y gracias al que pretendo mantenerme a mí y a mi familia. ¿Y si hubiera tenidos los huevos para abrazar mi profesión desde entonces, con el mismo fervor que Jiro? Seguramente en este momento sería un mucho mejor escritor.
II
«En los sueños tenías visiones de sushi. Me despertaba a mitad de la noche. Mi mente hervía con ideas.»

Ilustración de Lily X
Y entre más escribo y más me tomo en serio mi camino, más me conecto con ese mundo de fervor y pasión; mas veces me despierto a mitad de la noche, sudando, con ideas para terminar mi novela, o para un nuevo cuento. La pasión y ese delicioso estado de locura febril donde te asomas a un mundo que antes estaba cerrado, sólo se me revelan si me engancho, si agarro ritmo.
III
«Jiro pone el estándar de autodisciplina, siempre está planeando, mirando hacia el futuro; nunca está satisfecho con su trabajo, siempre busca formas de hacer un mejor sushi, de mejorar sus habilidades. Piensa en eso siempre, todos los días, cada día».

Ilustración de Mee Wong
¿Cómo mejorar mi capítulo, pulirlo y reescribirlo una y otra vez, sin aprensión? ¿Cómo mejorar mi visión para no tener que ir a un taller literario para darme cuenta de las incongruencias, de los errores obvios que todos ven menos yo?
IV
La simpleza al extremo te lleva a la pureza.

Ilustración de Catherine Chialton
Limpiar, limpiar. Frotar, pulir y sacar brillo. Quitar todo lo que abulta y no funciona. Volverse simple y concreto, como un viejo maestro zen.
Aquí, un artículo clásico de la Paris Review sobre Hemingway y la simpleza en la escritura.
V
«He visto chefs autocríticos, pero nunca he visto un chef tan duro consigo mismo.»

Ilustración de Gavi Crane
Y aquí me acuerdo de esta otra cita de Bukowski, que viene al caso:
Los malos escritores confían mucho en ellos, y los buenos dudan de sí mismos. Bukowski Compartir en XLa autoexigencia y la anti-complacencia son básicos para cualquier escritor, pero también son muy peligrosos y pueden destruir cualquier rastro de placer y naturalidad en la escritura. Debe haber un punto medio entre la complacencia y el extremo de torturarse por nuestra inhabilidad de traducir nuestra visión en el papel tal como es.
Sobre ese punto medio, Ann Patchett, dice lo siguiente en este artículo de BrainPickings: Creo que esta profunda pena de tener que enfrentar continuamente nuestras propias insuficiencias es lo que le impide a la mayoría ser escritores.
«Nunca aprendí cómo agarrar esa cosa hermosa en mi imaginación y plasmarla en el papel sin sentir que la mataba mientras lo hacía. Sin embargo, si aprendí a sobrellevar esa muerte, y aprendí a perdonarme por ella. Perdón. La habilidad de perdonarse así mismo. Detente tantito y piensa en esto, porque es la clave para hacer arte, y posiblemente la clave para alcanzar algo parecido a la felicidad. […] Creo que esta profunda pena de tener que enfrentar continuamente nuestras propias insuficiencias es lo que le impide a la mayoría ser escritores. El perdón, entonces, es la clave. No puedo escribir el libro que quiero escribir, pero puedo escribir el libro que soy capaz de escribir. Una y otra vez a lo largo de mi vida voy a perdonarme».
¿Cómo ven? ¿En qué extremo les gustaría estar? En la locura inalcanzable de Jiro o en la patética mediocridad de los malos escritores que describe Bukowski?
VI
«Un gran chef tiene que tener estas cinco cualidades.
Primero, debe tomarse su oficio muy seriamente y trabajar de manera constante en el nivel más alto.
Segundo, deben aspirar a mejorar sus habilidades.
El tercero es la limpieza.
El cuarto atributo es la impaciencia. Son mejores líderes que colaboradores. Son necios y quieren que las cosas se hagan a su manera.
Y finalmente, un gran chef es apasionado.»

Ilustración de Christina Siravo
La versión simple de la receta:
- Compromiso
- Ganas aprender
- Limpieza
- Visión única
- Pasión
VII
«Todo lo que quiero hacer es mejor sushi. Hago lo mismo una y otra vez, mejorando poquito a poquito. Siempre hay un anhelo por alcanzar más. Sigo escalando, tratando de llegar a la cima. Pero nadie sabe dónde está la cima. Incluso a mi edad, después de décadas, no creo haber alcanzado la perfección, pero me siento extasiado cada día. Amo hacer sushi. ¿Renunciar? ¿A la profesión por la que he trabajado tanto? Ni una sola vez he odiado este trabajo. Me enamoré de él y le he dado mi vida. Aunque tengo 85 años no tengo ganas de retirarme.»

Ilustración de Elian Tuya
Una y otra y otra vez, como los mejores artesanos, repitiéndolo y perfeccionándolo. Como un mantra, que aunque repetido mil veces, nunca perderá su misterio.
Aquí algo más sobre la disciplina, la repetición y la rutina de los escritores.
The daily Routines of great writers:
VIII
«Inclusive a mi edad sigo aprendiendo técnicas. Justo cuando crees que lo sabes todo te das cuenta que solo te estás haciendo el tonto, y luego te deprimes.»
IX
«Para hacer comida deliciosa tienes que comer comida deliciosa. Los ingredientes son importantes, pero tienes que desarrollar un paladar capaz de discernir entre lo bueno y lo malo. Sin buen gusto no puedes hacer buena comida. Si tu sentido del gusto es más bajo que el de los clientes, ¿cómo los vas a impresionar? Yo tengo buen sentido del olfato, pero hay chefs que están en otro en otro nivel. Si yo tuviera su capacidad probablemente haría mejor comida.

Ilustración de Jiaqi He
El famoso detector de mierda del que hablaba Hemingway. Tu aparatejo sensible tiene que decirte inmediatamente si estás frente a la cosa verdadera o frente a un pedazo de porquería. Entre más porquería comas, más difícil va a ser apreciar los manjares. Por el contrario, si sólo comes puro sushi de Ezra Pound y J.D Salinger, y de pronto te sirven un rollito cualquier cosa, luego luego vas a notar la diferencia, ¡te van a saber a cartón; ya no te va a impresionar cualquier cosa!
«El don más esencial para un buen escritor es el de poseer un detector de mierda, innato y a prueba de choques. Ese es el radar del escritor y todos los grandes escritores lo tienen», decía Hemingway.
X
Mientras preparo el sushi me siento victorioso.
Esto me recuerda lo que dice el viejo Bradbury en Zen in The art of Writing sobre cómo un escritor debe de sentirse eufórico, lleno de fervor, escribir con alegría y con el corazón.
¿Ya leyeron esa joya deslumbrante de Zen en el arte de escribir?
Sino pueden comprarlo aquí:
Amazon: En inglés / En español
XI

Ilustración de Chow Hon Lam
«Cuando iba la escuela era un niño malo, después, cuando crecí y me invitaron a regresar y dar una plática, no estaba seguro si decirle a los niños que estudiaran duro o que está bien ser rebelde. No sabía que consejo darles. Estudiar duro no garantiza que te conviertas en una persona respetable. Aunque seas un niño malo hay gente como yo, que cambia. Pensé que esa era una buena lección. Pero si decía que los niños malos puede tener éxito, como yo, después todos los niños se portarían mal, lo cual sería un problema. Pero siempre hacer lo que te dicen no significa que vas a tener éxito en la vida».
Ahhh, el dulce sabor de la rebeldía. Las grandes obras se han escrito desde la rabia de querer cambiar al mundo o la mierda que nos llena la cabeza. Esa rabia y rebeldía que nos hace querer romper, y transformar. Sobre todo transformar, es indispensable
XII

Ilustración de Elisa Ancori
«Si dejo de trabajar mi cuerpo se volvería inservible. Y si mi cuerpo deja de funcionar entonces tendría que renunciar, y si renuncio a los 85, me voy a morir de aburrimiento. «
Cuando escribo, mi vida va mejor. Cuando más horas le dedico a mi profesión me siento mejor en mi propio cuerpo, siendo quién soy. Y no me aburro. Aquí, otra vez, el viejo maravilloso de Bradbury viene a susurrarme al oído:
Así que escribí, escribí y escribí, para no estar muerto. Ray Bradbury Compartir en X So I wrote, I wrote and I wrote, so as not to be dead. Ray Bradbury Compartir en XPara rematar
Bueno. Todos estos consejos suenan bonitos, románticos y emocionantes. Pero lo único que me salta es la escena del documental donde sus hijos, viejos y pelones, bajo la sombra del papá, recuerdan, al parecer con cariño, que cuando era niños apenas y lo conocían. Que cuando llegaba en la noche a su casa se espantaban y le preguntaban a su mamá quién era ese señor. Porque el buen Jiro se mataba en su restaurante, hirviendo entre sueños de sushi y nuevas recetas para amasar el calamar y ordenar el menú y… y al final es como todos esos pinches artistas mamones y culeros que piensan que el arte es lo más importante en el mundo, que es más importante que su familia, sus parejas y sobre todo sus hijos. Sí es es el precio que hay que pagar por ser el mejor, bien puede ese precio ir a chingar a su puta madre. Porque ser escritor, a pesar de ser la única profesión que me hace sonreír, y en la que me veo toda la vida, no es lo más importante. Cada vez siento mayor indiferencia por mi destino como escritor y me preocupo más por mi destino como hombre
O como dijo el buen Henry Miller: «Cada vez siento mayor indiferencia por mi destino como escritor y me preocupo más por mi destino como hombre»
Y ustedes, ¿qué trampa? ¿Ya vieron la peli? ¿Les gusta el sushi? llenen los comentarios de pedazos masticados de salmón crudo y aguacate y anguila y pepino y…