
Ilustración de Sarah Herlant
Los escritores y el silencio: una guía práctica para aprender a estar en silencio, escuchar tu ruido, no el del mundo, y escribir algo que realmente valga la pena.
Si quieres hacer arte que te transforme y te ayude a conectar con otro a un nivel profundo, necesitas apartarte del ruido y las demandas externas. Si no lo haces terminarás haciendo otro tipo de arte, cuya única misión es entretener: crear más ruido para que la gente se «distraiga» y deje de escucharse a sí misma.
La historia
Te despiertas. Apenas abres los ojos revisas en tu cel las notificaciones que te llegaron en la noche. Lees los mensajes y te vas a tuiter a ver si te mencionaron mientras dormías. Con la cabeza llena de chismes que en realidad no te importan, te bañas. De fondo hay un programa de radio del que absorbes más información. Cuando sales a la calle a lo mejor ya estás nervioso y aún así tu cerebro no puede resistir detenerse en cada puesto de periódicos para leer otra dosis de ruido: políticos tranzas, la moneda devaluándose, asesinatos, la última telenovela del narco gobierno y los flamantes goles del Chicharito. En eso estás, cuando te entran dos llamadas de teléfono y para cuando regresas a tu casa, ya te chutaste treinta notificaciones más del grupo de whatsapp de tu familia y la información y las palabras y las anécdotas y el pinche ruido del mundo se te escurren hasta por las orejas. Luego, cuando ya vas a ponerte a escribir, estás pensando en todo menos en tu capítulo, así que para relajarte, abres el explorador y te dejas llevar por las delicias de facebook. Ahí, los labios carnositos de alguna amiga compartiendo el selfie que se hizo en Cancún, despiertan algo en tu cabeza que te hace ir a youporn y… ahhh bueno… estás tan asquerosamente lleno de ruido que ya no oyes tu sonido, el ruido que suena dentro de ti, el que te conecta con tu propio dolor y tu transformación, el ruido necesario para escribir una obra de arte.
Esta terrorífica historia me pasa todo el tiempo. Es una lucha constante. Cada día me empeño en no bajar la guardia para que los chismes de la vida no dejen mi mente como un hervidor de tonterías, sin poder escribir ni pensar ni sentir.
Los días que lo logro, cuando soy lo suficientemente astuto para no dejar que el ruido me atrape, me siento cómo súper héroe: sonrío, con la mente clarita, el cuerpo limpio y listo para escribir.
Aquí, en esta guía del silencio, te voy a dar algunos de los trucos que me funcionan para mantenerme a raya de los chismes del mundo. Te daré un checklist y experimentos para que, según la cantidad de ruido que hay en tu vida, obtengas más espacios de silencio para crear arte chingón y para que vivas más contento y presente.
El ruido dentro de ti, el que te conecta con tu propio dolor y tu transformación, el ruido necesario para escribir una obra de arte. Compartir en X
Tu propia narrativa ¿Por qué los escritores necesitan el silencio?
Hace poco leí un articulo en BrainPickings sobre un chavo que perdió el oído por un tiempo y cuando lo recupeŕo llegó a esta conclusión: El sonido te saca de tu propia narrativa y te impone otra. Y el sonido no existe sólo en forma de onda percibida por los oídos. Ese sonido-ruido es la información, las noticias, los chismes, las demandas del mundo externo. Y hasta las historias.
Todos necesitamos este estado silencioso.Un silencio en el que uno escucha y tiene tiempo para contemplar e interactuar. No sólo absorber. Se trata de oír no con nuestra máquina de procesar información, sino con el cuerpo. Este silencio, que yo llamo hueva creativa, es necesario para todos, aunque no seamos artistas. Pero para los artistas, para los escritores, es todavía más necesario.
Cuando los ruidos se apagan y oyes el sonido de tu propia narrativa, todo cambia; de pronto sonríes como si estuvieras de vacaciones. De pronto encuentras una historia “original”, algo importante que tu cuerpo quieren decir, no sólo algo que se le antoja contar a la mente porque piensa que es cool.
No nos escudemos en el ruido externo para no oír más que la historia del narrador que nos imponen.
Susan Sontag dice que: “Para los artistas de verdad, el silencio se convierte en una zona de meditación, de preparación para una desgarro espiritual, una cuota que te termina dando el derecho de hablar.”
Cuando los ruidos se apagan y oyes el sonido de tu propia narrativa, todo cambia. Compartir en X El sonido te saca de tu propia narrativa y te impone otra Compartir en X
Ilustración de Márton Gyula Kiss
Los chismes del mundo
Vivimos en una cultura que idolatra las anécdotas, no las historias de verdad, esas que transforman.
Nos han hecho creer la importancia de estar informados y atentísimos a las noticias del mundo. Pero en el fondo no son más que chismes masivos que se unen a los chismes más comunes. No quiero decir que no sea importante estar al pendiente de los otros, todo lo contrario, pero con esta vorágine tampoco se logra eso, sino una falsa apariencia de estar informados y ser hombres preocupados. Eso no nos lleva a la acción ni es real. Los chismes del mundo son dramas inmediatos, que no tienen relación con nuestra vida.
La hueva fértil
Es triste que la única forma de descansar de esta frenética sociedad occidental sea el entretenimiento. Cumple la misma función que la droga: desconectarte de ti mismo, ponerte en un punto de suspensión lejano a ti y al presente.
Pero la quietud o la hueva fértil es otra cosa que en nada se parece al entretenimiento.
La hueva fértil no es sobrecargar la cabeza con más información, más historias, más series, más y más, sino vaciarla. La hueva fértil es tirarte en un sillón a ver el techo y dejar que tus pensamientos te arrastren. Oír música, contemplar.
Las noticias, chismes del mundo son dramas inmediatos, que no son reales ni tienen relación con nuestra vida. Compartir en X La hueva fértil no es sobrecargar la cabeza con más información, más historias, más series, más y más, sino vaciarla. Compartir en X
Ilustración de Sergi Diaz
Productivo, mis huevos
Ahh, la puta productividad y sus mitos heroicos sobre el trabajo duro y ser y hacer cada vez más. Entre eso y los ruidosos chismes del entretenimiento. ¿Cuánto tiempo queda para nosotros?
El mayor enemigo de nuestra hueva fértil ese esta monstruosa diosa de 10,000 cabezas que aspira a que cada vez hagamos más en menos minutos; que quiere que metamos más tareas en un menor plazo de tiempo; que intenta convertirnos en maquinitas bien engrasadas que produzcan y produzcan. Esta terrible mentirosa es, además, muy peligrosa, porque nos justifica moralmente: “Bueno, sí, a lo mejor no tengo tiempo libre, pero estoy avanzando en mi vida, estoy trabajando duro y cumpliendo con mis deberes”. La productividad es la buena conciencia de la sociedad, la que mantiene el mito de que para lograr algo hay que partirse el lomo. Pero tanto trabajo se vuelve ruido. Y este ruido tampoco nos deja escucharnos. Nos sentimos a salvo en él, pero, ¿Nos sentimos vivos?
También esta vieja e hipócrita Diosa, oh, Productividad, se ensaña duro con los escritores. Ella es la misma que nos aplaude si un día estamos concentrados y escribimos 15,000 palabras, o si sacamos un libro cada seis meses. Hace poco compartí en Facebook que después de cinco años por fin había acabado el primer borrador de mi novela; una chava, supuesta escritora, comentó en mi estado: “Ay, oye, osea, felicidades ¿no? Pero ahí luego te paso unas técnicas para que la próxima vez la acabes en 100 días”. Como si el arte pudiera ser domando, calculado y sometido para que se ajuste a nuestros conceptos de productividad. ¡No mames!
Y aún así, en el manifiesto de Tinta Chida, decimos que hay que escribir todos los días, ¿no? Sí, si uno entiende el escribir como algo más que ponerse a teclear como un monito. Para mí escribir es conectarme con la materia de mi obra: tirarme en el piso con los ojos cerrados (haha, pinche hippie) y dejarme envolver en el mundo de mi novela, o leer algo relacionado, o salirme a caminar tratando de ver (como una visión estática) lo que pasa en la historia, descubrirla y revelarla en vez de inventarla. Ah, ya sé, seguro muchos de ustedes, igual que una parte mía, han de estar moviendo la cabeza y diciendo, pinche huevón, que mejor se comprometa consigo mismo, o que se consiga un trabajo.
Y pues yo digo que es mejor ser flojo, estar aburrido dentro de esa zona fértil que me permite escucharme. No enganchados en un sillón inyectándonos dosis tras dosis de entretenimiento, sino quietos, contemplativos, en espera de la acción verdadera.
Maria popova dice: “En estos tiempos, en nuestra cultura obsesionada fetichistamente con la productividad, hemos sucumbido a la tiránica noción del balance trabajo/vida y hemos aprendido que la noción del placer o el relajamiento no son esenciales para el ser humano, sino un lujo auto complaciente reservado para los privilegiados o para los deplorables flojos”.

Ilustración de Andrea Vercetti
Voracidad
Leer con voracidad. Ahhh, tantas veces escuchado este consejo de la boca de miles de escritores: que hay que leer como monstruos, como titanes, absorber, absorber y absorber. Hasta aquí mismo en Tinta Chida les hemos hecho segunda, cuando en el artículo del arte de la chingoneria citamos a Cheryl Strayed diciendo que para escribir su primer libro primero tuvo que leer vorazmente durante años. Pero la palabra voraz es espantosa, y un escritor no necesita atascarse de historias para entenderlas, ni para escribir mejor. Para eso más bien necesita leer de verdad, con conciencia. Leer y releer una misma novela dos, tres, cuatro veces seguidas, sin prisas ni ansiedad por acabar y empezar otra.
Es más beneficioso entender bien un libro, meternos en él y desentrañar los trucos del gran mago, que leer como troglodita diez novelas seguidas, dejando que nuestra conciencia reviente sin entender conscientemente lo que está pasando.
Tragar esta bien, para los fanáticos de la comida, pero no para los chefs, ellos deben de detenerse y desentrañar la maraña de sabores; ponerse en la mente del cocinero del plato y entender cómo logró esa sublime delicia (como lo dice Jiro en los 12 consejos de un chef de sushi para escribir mejor). Ahí está la clave, porque eso se logra sin prisas. Sin correr. Usando la hueva fértil y la imaginación.

Ilustración de Martlet Art
Defiende tu tiempo
Para respetar nuestro sonido y no mancharlo con cosas sin importancia, tenemos que proteger nuestro tiempo como unos perros rabiosos.
Para esto, es esencial el viejo Séneca y la brutal y finísima carta que le escribe a Paulino. Este viejito griego le da duro a esta humanidad preocupada por la información, el entretenimiento, la ocupación y la frivolidad: ¡Qué chistoso que seamos los mismos hombres de los que se queja Séneca, a pesar de los nuevos gadgets que tenemos, que los que vivían hace 2400 años!
Aquí algunos interesantes pasajes de esta carta, llamada, «Sobre la brevedad de la vida», que bien harían en leer completita.
Sobre proteger tu tiempo
Todos aquellos que te reclaman te alejan de tí mismo.
La gente es muy cuidadosa cuando se trata de proteger sus propiedades; pero en cuanto al tiempo, lo desperdician como si no supieran que es realmente la única cosa que debemos resguardar.
Este hombre contrata un abogado, el otro contesta una llamada, este otro está en un juicio, el otro lo defiende, el otro lo sentencia; y nadie acierta a estar consigo mismo, todos se consumen siempre en el interés del otro.
Siempre me sorprende ver cómo alguna gente demanda el tiempo de otra y cómo esta otra acepta. Ambas partes saben el motivo por el que están usando ese tiempo, pero ninguna contempla el tiempo en sí mismo – como si nada se estuviera pidiendo y nada dando-. Pero están traficando con la mercancía más preciosa de la vida, el tiempo, y se engañan a sí mismos al pensar que como no es una cosa tangible, no es necesario inspeccionarla, y así pueden darle al precio más barato.
Sobre los que están demasiado llenos de ruido, preocupados todo el tiempo
Es angustiosa la situación del hombre preocupado, pero lo es más la de los que se preocupan por cosas que ni siquiera son suyas, aquellos que basan sus sueños en los de otro, su caminar en el paso de otro, aquellos que reciben órdenes de otros.
Ninguna actividad puede ser debidamente desempeñada por un individuo preocupado… porque la mente en ese estado no absorbe nada profundamente, sino que rechaza todo lo que, por así decirlo, se empeña en atascar dentro de ella. Para el hombre ocupado vivir es la actividad menos importante.
Sobre los que trabajan en oficinas y planean empezar a vivir cuando se retiren
Oirás a muchos hombres decir: «Me voy a retirar después de mi cumpleaños 50 y ahí ya me voy a dedicar a hacer lo que me gusta» o, «cuando cumpla 60 años por fin se acabaran mis obligaciones públicas». ¿Y qué les garantiza que su vida durará tanto? ¿Quién garantiza que lo que planeas se cumpla como dices? Y a ti no te avergüenza reservar para ti mismo solamente lo que te llegue a restar de vida, en vez de dedicárselo, ahora mismo, al conocimiento de ti? ¿No es tarde empezar a vivir cuando ya es hora de morir?¡ Que tonto olvido de la mortalidad es posponer tus planes para tu cumpleaños cincuenta o sesenta y conseguirte entonces una vida cuando algunos otros ya la tienen!
¿Puede algo ser más tonto que el punto de vista de los que se la pasan ocupados trabajando para, tal vez, algún día tener una mejor vida? ¡Se gastan la vida preparándose para vivir!
Creeme, es mucho mejor tener información sobre ti mismo que sobre las acciones del mercado.
Y ¿Cómo empiezo?
Bueno, Alejandro. Ya te aventaste un buen choro mareador, no mames, ya tenemos el marco teórico, ahora dinos cómo ponemos esto en práctica. ¡Ya!
Órale, aquí les van, primero un checklist de sugerencias, y luego varios experimentos. Escojan uno o dos y háganlos, chequen cómo se sienten, qué resultados tuvieron y luego decidan si quieren integrarlos a su vida para siempre.
Checklist
Leer Four Hour Work Week
Este libro debe de volverse tu biblia. Por más que tenga un título de bestseller cursi, es un compendio contra la productividad. Una guía para lograr más, trabajando menos. No para tirarte en la cama a hacerte pendejo, sino para gastar ese tiempo en los proyectos que más te interesan: acabar tu novela, estar con tu familia, darte unos buenos encerrones con tu pareja. Ya tú sabe: vivir, pues. Tim es el enemigo más grande de las abominables jornadas oficinescas, de las juntas y las reuniones sin sentido. Fanático absoluto de Séneca, Tim, en este libro, baja toda la teoría de pechito y da soluciones chingonas para hacer menos y vivir más. Consíguelo en español o en inglés.
Leer el manifiesto de los flojos
Hace unos meses me encontré esta joyita de Tim Kreider, un escritor bastante chido. Este güey tiene un libro de ensayos bien buenos y entre ellos está El manifiesto de los flojos.
El manifiesto de los flojos es una oda a la defensa de nuestro tiempo. Muy útil para mandar a la chingada la productividad y echar más la hueva creativa. Por ejemplo, abre el ensayo con la típica plática casual:
-¿Qué onda, canijo, cómo has estado?
-Bien, pero muy ocupado. Ya sabes, con mucha mucha chamba. Corriendo de un lado a otro.
-¡Bien! Eso es bueno. Malo que no tuvieras nada que hacer ¿no?
-Sí, claro, campeón. Además así esto, ya sabes, no hay de otra.
-Si, así es, hay que sacar pa’ la papa.
Les dejo el Lazy Manifesto en youtube y en podcast. O si quieren leído, pueden comprar el libro que lo contiene: We Learn Nothing. La versión en espanish me la estoy aventando y espero compartírselas pronto aquí en Tinta Chida. Mientras tanto clávenle el oído a la versión original en gringo.
Quita las notificaciones de tu teléfono
Doma tu teléfono inteligente.
No te espantes. No va a pasar nada grave si no recibes una notificación por cada like, retuit, mención, grupo de whatsapp, etc. Si tienes Android o Iphone, es muy fácil hacerlo. Aquí hay una guía por si tienes el androide de google o si el tel del Steve Jobs. Un consejo: desactiva todo menos las notificaciones de los mensajes de texto (msn), y diles a tus amigos, familiares y contactos que sí tienen una urgencia la única forma de contactarte va a ser por mensajitos.
No te espantes, no significa que ya no vas a enterarte de lo que dijo tu tía de Miami sobre los tamales del dos de febrero en el grupo de Familia; entra al messenger de facebook y whatsapp una o dos veces al día, por 20 minutos o el tiempo que decidas, y echa el desmadre que quieras. Doma las conversaciones, léelas cuando tu quieras y no cuando a ellas quieran.
Revisa tu mail una vez al día
Este es básico. Aguanta la tentación. No seas reactivo. Déjate de tonterías tipo Inbox Zero. Contesta a tu ritmo. Respeta tu tiempo y no te hagas el muy muy contestando luego luego. Cualquiera puede lograrlo, desde un escritorsucho sin jefes, como yo, hasta un ejecutivo muy mamila del startup más chicho.
- Escoge la hora del día en la que vas a revisar tu correo y apégate a ella. Yo lo reviso a las 10, cuando acabo mi sesión de escritura literaria.
- Si te friquea mucho el qué dirán, pon un aviso en tu firma de mail de este tipo: “Sólo checo mi correo una vez al día, a las 10 am. Si se trata de algo urgente (de verdad urgente) mándame un mensaje a mi celular”.
- Si te gana la tentación y usas gmail, usa esta extensión para el navegador chrome. Se llama Pause Inbox y, literalmente, pone tu bandeja de entrada en pausa para que no llegue nada hasta que le des play. Yo lo uso y me sirve mucho.
Programa tus redes sociales
A ver, Alejandro, ya deja de mamar pajarraco y concéntrate. ¿No te la pasas diciendo que alguien que quiera crear una comunidad y vivir de su arte tiene que hablar con sus seguidores constantemente y contestar cada mail y tuit?
Es cierto, pero conectar con tus lectores no tiene porque ser ruido, si lo sabes hacer.
Las redes sociales, twitter y tu fan page de escritor son muy importantes. Son canales para estar en contacto con tu gente. Pero hacerlo no significa ser reactivo y volverte una chachalaca que sólo se la pasa cotorreando con sus fans. Haz contacto de verdad con ellos. Revisa y contesta tus redes sociales en horarios fijos y destina un tiempo máximo para hacerlo.
En cuanto a actualizarlas, te recomiendo programarlas. O sea, no desperdicies tu tiempo buscando contenido interesante cada mañana. Más bien concéntrate durante dos días para programar tuits y actualizaciones de facebook por dos meses. Yo lo hago desde hace unos dos años para mi cuenta personal y ahora para Tinta Chida.
Hay un montón de aplicaciones con la que puedes programar tus redes sociales. Yo uso buffer. Cuesta 10 dólares al mes pero es una maravilla. Además de programar tuits en un montón de redes sociales, puedes reciclar contenido muy facil y hacer varios trucos macizos que te van a hacer la vida más fácil.
Apps para defender tu silencio
Si te cuesta trabajo enfocarte y las tentaciones de la red son muy suculentas (porque sí lo son, la neta), aquí te dejo una lista para que, ya sea en chrome, mac o windows, aprietes un botón que te impida, literalmente, abrir programas o visitar páginas que te distraigan. Adiós face y xvideos y sopitas.com o lo que sea. Además de eso, hay en esta lista otras apps para rastrear en qué gastas el tiempo o para estar más presente.
Para bloquear sitios que te distraen
Self Control (mac)
Freddom (pc)
Anti-social (mac y pc)
Focus (mac)
Para rastrear cuánto tiempos gastas en internet y en qué cosas
Tracktime (mac)
RescueTime (pc y mac)
Moment (ios)
Concéntrate por periodos de tiempo con la técnica pomodoro
Focusbooster (mac y pc)
Concéntrate por actividades. Si estás escribiendo esta app te bloquea internet y otros distractores y solo te deja usar el procesador de texto. Si estás haciendo las redes sociales, te deja sólo hacer eso y te bloquea lo demás:
Concentrate (mac)
Concéntrate en una aplicación. Eso, nada más una, todo lo demás dejará de funcionar
Think (mac)
En vez de bloquear lo que te distrae, usa esta aplicación para asignar tiempo específico para distraerte
StayedFocused (chrome)
Para los obsesionados con la productividad. Estas apps te obligaran a no clavarte tanto y tomarte unos buenos breaks
TimeOut (mac)
SmartBreak (windows)
Para apagar los ruidos externos. Si trabajas en lugares donde hay mucho chachareo, ponte los audífonos y deja que estas apps te llenen de ruido blanco; notas armónicas que bloquean lo demás.
SoundCourtain (ipad)
WhiteNoise (android)
Para estar más presente. Está chida: entre menos toques el ipad o teléfono, un árbol empezará a crecer. Si te pones a chismear, lo matas.
Forrest (android, ios, mac, windows, chrome, firefox)
Usa aplicaciones del “Slow Web Movement”
Hay una nueva corriente de programadores, hartos como yo de tanta pinche instantaneidad, que están creando aplicaciones para bajarle el ritmo a internet. Por ejemplo, cuando te llega un nuevo mail, la aplicación te lo detiene y te lo entrega un día después. A lo mejor suena muy extremo y dices, no manches, ¿y si es algo urgente? la mayoría de las veces nunca es urgente, y si lo es, bien te pueden hablar por teléfono. Lo que es importante de verdad es tu tiempo y tu trabajo.
Aprende más sobre el internet lento aquí y empieza a usar algunas de sus aplicaciones:
Casi todas de la lista de arriba
Escribe con editores de texto minimalista
Si te gustó Scrivener, la app que recomendé para escritores (la que yo uso), puedes trabajar con ella en modo minimal para no distraerte. Si quieres probar otras nuevas, aquí te va una lista de apps online, para ipad, mac y windows que se enfocan en solo eso, escribir, sin tanta mamada.
Writer (La que uso para escribir en línea)

Ilustración de Tory Cunningham
Experimentos
Sin internet el fin de semana
Este es muy fácil de explicar y, además sirve como un buen detox que te limpiará y hará que tu piel y tus ideas brillen más bonito.
Reglas: un fin de semana, sábado y domingo, sin tocar el internet. No iPad ni smartphone ni compu ni ni madres. Desactiva el wifi y los datos en todos tus aparatos. Conforme veas lo chingón que te vas sintiendo, vuelve el experimento un hábito: ¿no estaría chido por lo menos una vez al mes aventarte un fin de semana de desintoxicación?
Dieta de información
La información que dejas entrar a tu cabeza determina la calidad de tu vida.
No leas libros técnicos o teóricos que no puedas aplicar inmediatamente. Si no te sirven para algo práctico, no acumules información al fondo del cajón del inconsciente.
No leas todos los links y páginas webs que se te cruzan, usa una app como pocket o instapaper y guarda los artículos que más piquen tu curiosidad. Luego escoge una hora para leerlos. Verás que al final, ya sin el cerebro reactivo, ni siquiera un 10% de todos los que salvaste te interesan de verdad.
Aléjate del drama: no veas noticieros de tele ni de radio. Ni leas periódicos
No te pares en los puestos de periódicos a absorberte las portadas.
Si no puedes resistir haz algo de trampa y pregúntale a algún amigo si no ha pasado algo importante.
No dejes que tu chavo o mamá o vecino te cuente chismes de otra gente.
Lee sólo una novela o libro de cuentos. Analizalo. Descubre sus secretos.
Lee y escucha toda la música y poesía que quieras. Eso no cuenta como información.
Prueba durante 30 días. Te vas a sentir en la puta gloria.
Crea tu rutina y un santuario sagrados
Haz una rutina para convertir el espacio y el tiempo en el que escribes en algo sagrado, en donde no puedan entrar los plebeyos: el porno, netflix, noticias y chismes sociales. Mantén los ojos cerrados lejos de los voluptuosos demonios de Maya que quieren distraerte: llamadas, whatsappitos, chaquetas con la nueva reina del porno Mia Khalifa y mini-series increíbles que te dejan enganchado y chismes sobre narcos y… ya me atraparon, ¡ahh, malditos!
Por eso hay que construir un santuario y una rutina. Primero, elige un horario y pase lo que pase, dedícale ese tiempo a tu obra. Quita las notificaciones, apaga internet y no recibas llamadas. Durantes ese tiempo nadie entra al recinto sagrado.
Crea una rutina que te motive y le ayude a tu cerebro para ponerse en el mood que necesita. Yo, antes de empezar me preparo un café y me lo tomo mientras veo un video sobre escritores o leo algún artículo sobre el oficio de escribir. Eso me pone en un humor chido para arrancar.
Haz el experimento. Durante 20 días seguidos escribe a la misma hora, en el mismo lugar.
Poesía todos los días
Antes de empezar tu día de trabajo y antes de empezar a escribir, lee poesía. La poesía no es información. Llega a otro lado. Acomoda el ritmo de tu espíritu y tu mente a uno más de acuerdo a tu ritmo interior. Leer poesía, despacio, saboreándola, programa tu mente para que no se a tan reactiva y trabaje sin prisas, presente.
Pruébalo durante 10 días seguidos. Verás que desde el primero hay beneficios.
No les contestes
Por una semana, no contestes el teléfono cuando te marquen. No dejes que ese pinche sonidito chillón y entrometido te fuerce a chutarte una plática que no quieres tener.
Avísale a tu familia y diles que si es urgente te manden un mensaje de texto.
Devuelve las llamadas que creas importantes en la noche, cuando tú decidas, no ellos.
Esta técnica puede traerte algunos problemas, porque normalmente piensan que eres bien mamón. Yo la hago y en mi familia ya soy conocido como el que nunca contesta. No pasa nada. Si les regresas las llamadas y entonces platicas con presencia, notarán que vale más la calidad que la inmediatez.
Pruébalo poco a poco, tres días primero y descansa 5, otros 3 y descansas 4, así hasta que te sientas seguro y te despidas de las interrupciones telefónicas para siempre.
Ojo: Como tú eres el que regresas las llamadas te va a salir más caro, pero vale la pena.
Ojo 2: Si este experimento es muy drástico, adáptalo y al menos restringe los horarios en los que contestas el teléfono: cuando escribes, dos horas antes de dormir, cuando estás con tu novio, etc.
FIN
Bueno, si tienes más ideas para echar la hueva creativa y alejarte de los ruidos del mundo, compártelos con la banda aquí en los comentarios.